17 junio 2010

Un gato puede ser el mejor amigo del mundo.

Una vez más, mi gata me ha dado una lección simplemente mirándome fijamente, lo que tiene aún más mérito. Se llama Missi, aunque no responderá a ese nombre, bueno... nunca suele hacerlo.



Esta mañana; mientras leía El coleccionistas de relojes extraordinarios (un libro espectacular) le daba vueltas a un pequeño altercado que ha ocurrido hoy en clase originado por mi culpa, yo quise salir con mis amigas pasando por alto que entre ellas no se llevan bien... Y entonces me hicieron elegir, no fui capaz de hacerlo, pero ellas aún esperan una respuesta. Ese tema me agobiaba mucho. Mi felina se sentó en la mesa donde yo me apoyaba. Asomó la cabeza por encima del ejemplar literario, como un autómata dejé el tomo para dedicarle mi completa atención y ella me respondió yéndose al salón; sobreentendí que debía seguirle. Tras una par de elegantes saltos se colocó en el alféizar de la ventana, al acercarme comprobé que estaba lloviendo. Había ganado más tiempo para pensar, aquella tarde no saldría con nadie.