13 junio 2010

Metáforas

Todas las noches, antes de cerrar los ojos hasta la mañana siguiente, me asomo a la pequeña (muy pequeña) ventana de mi cuarto. Las estrellas se ven amontonadas, como si no tuvieran espacio en mi pequeño Universo.
Si te quedas mirando un rato las estrellas, observas que no todas brillan igual. Algunas estan borrosas y casi no ves ese puntito en el cielo, porque están muy lejos. Otras, al contrario, brillan como si no la fueran a hacer nunca más (pero lo repiten al día siguiente) y están tan cerca que pienso que si alargo la mano las podré tocar.
Hay estrellas que dejan de estar ahí de un día para otro; una noche miro y siguen brillando, a la siguiente… ¡Zas! Algunas ni me doy cuenta, simplemente veo un hueco entre dos y lo sé, si no ni me daría cuenta.

“Ojalá que brillen a mi lado para siempre, que iluminen mi pequeña habitación”

Y hay te das cuenta de que todas las estrellas se apagan, que hasta la que ves más brillante, algún día se irá
…y que después, no las puedes volver a encender por mucho que lo intentes.

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