13 junio 2010

No lo comprendo.

Hoy tengo el placer de relatarles un acontecimiento realmente grandioso. Atentos a sus pantallas, pues apostaría mis ojos a que les voy a sorprender.

Anoche, como de costumbre, yo estaba con mi querida felina tomando mi café mirando por la ventana que da a un parquecito. Allí había algo así como un señor vestido de frac negro, con chistera y fumaba una pipa; junto a él una señorita vestida de corset y larga falda. Sin duda, ambos estaban ataviados con sus mejores galas. En ese momento me pregunté el por qué había dos seres vestidos así en la época en la que nos encontramos.

De repente, la señorita miró hacía arriba y me saludó cordialmente. El caballero la imitó quitándose el sombrero. No sé por qué, bajé a su encuentro. La señorita me cogió por los hombros mientras me susurraba: Adiós. Y puum, me despierto encontrando mi cama llena de cenizas.

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